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OPINIÓN DEL AGRICULTOR

Historia de las cosechadoras

Las cosechadoras de cereales son unas de las máquinas que han marcado la historia de la mecanización agrícola en todo el mundo. España no es una excepción y ha visto el desarrollo de muchos modelos desde las primeras trilladoras. Hacemos un breve repaso de los primeros años de esta interesante historia.

Profesional AGRO - Madrid 17/08/2020

Cosechadora John Deere

Debido a los tristes momentos vividos durante los pasados meses de marzo, abril, mayo…, nos pusimos en contactos con algunos compañeros con los que tuvimos la gran suerte de vivir los primeros años de las cosechadoras autopropulsadas de cereales. Nos dio la charla para recordar tiempos duros pero llenos de ilusión, donde muchos herreros de nuestra geografía nos ayudaban a modificar ciertas partes de estas nuevas máquinas.

Recordamos las primeras cosechadoras ensacadoras, aquellas que llegaban con una segunda limpia. Después las incorporaciones de las primeras tolvas de grano, algunas nacionales, fabricadas en Zaragoza…

La evolución avanzaba sin descanso pasando de cosechadoras de 3 sacudidores a 4 sacudidores de un modo inmediato. Al mismo tiempo las plataformas de corte sobrepasaron los 2 y 3 metros de ancho de trabajo. Cada campaña se incorporaban mejoras basadas en la práctica de nuestros campos.

Por lo expuesto, decidimos hacer un borrador y publicar esos inolvidables recuerdos para que las nuevas generaciones analicen una evolución basada en pruebas y pruebas de campo, valorando las ideas de herreros y clientes, aplicándolas en las distintas reformas y adaptaciones para modelos futuros.

Carpintería metálica con motor

En la mitad del siglo pasado el porcentaje de la población activa ocupados en el Sector Primario era en España del 48,8%, mientras que en Francia suponía 30% y en Alemania Occidental el 23%. La agricultura española absorbía la mayor parte de la mano de obra de nuestro país, por el contrario Francia y Alemania, mantenían una Industria poderosa donde la mano de obra resultaba muy necesaria, algo que España no poseía.

En España, en esa época, el 40% de los agricultores eran cultivadores de trigo, debido a su alta demanda, por lo que las cosechadoras de cereales ya llevaban tiempo recolectando nuestros campos, aunque no con la intensidad que desarrollaban otros países.

Buscando en la historia sobre la mecanización de nuestra agricultura nos damos cuenta de que una de sus protagonistas principales ha sido la cosechadora de cereales. Estas máquinas primero fueron conocidas como segadoras y trilladoras. Retrocedemos hasta el año 1863 en Jerez de la Frontera (Cádiz), donde se constituyó la Sociedad “Fomento Agrícola”, gracias al asesoramiento de D. Gumersindo Fernández De La Rosa y Los hermanos D. Rafael y D. Ramón Guerrero y Castro. Bajo su asesoramiento se importaron y ensayaron las primeras segadoras y trilladoras con accionamiento por vapor, en las que hubo que introducir interesantes reformas para el aprovechamiento de la paja. Se efectuaron diversos ensayos y se redactaron memorias técnicas basadas en la práctica, para su incorporación en las siguientes máquinas.

En el verano de aquel mismo año 1863 funcionaron, con pleno éxito, cuatro segadoras de la marca McCormik, concretamente en el cortijo de “Romanitos”. Una trilladora de la marca Ruston Proctor, actuó el mismo verano en el cortijo “Santo Domingo”. No satisfizo en modo alguno, por lo que se gestionó que la casa constructora Ransomes&Sims efectuara las reformas oportunas y en la campaña siguiente llegó la anhelada máquina que fue inaugurada solemnemente en Sevilla, concretamente en el cortijo de “Gambogar”, propiedad de D. Ignacio Vázquez. Los resultados fueron plenamente satisfactorios y en esa misma campaña otra máquina igual funcionaba en las fincas de los Sres. Guerrero Hermanos, creadores, también, de la afamada ganadería que exportaba caballos árabes a Turquía y Hackney (municipio londinense del nordeste de Londres). No tardarían otros agricultores andaluces en introducir la mecanización en sus fincas, siguiendo su ejemplo y analizando su rentabilidad.

Siglo XIX

Seguimos citando las últimas décadas del siglo XIX, con una España involucrada en guerras americanas, con gobiernos inestables y con un ejército que precisaba armamento moderno, barcos modernos, alimentos y ropajes para los soldados, lo que dejaba al pueblo sencillo, prácticamente, olvidado. El agricultor precisaba producir más y rebajar sus costes de producción, siendo por ello su gran interés en analizar una mecanización agrícola para aquellos trabajos que fuese posible.

Las grandes fincas comparaban su cuenta de gastos con los posibles ingresos según productos a producir en sus tierras. La mayoría de sus estudios se centraban en la producción de trigo cultivado sobre una hectárea de terreno. Estos estudios incluían labores de yunta, adquisición de semillas, siembra al voleo, siega mediante cuadrillas y aventado con aventadora de accionamiento manual. Y se comparaban con la labranza con tractor, adquisición de semillas, siembra con máquina, recolección efectuada con segadora-trilladora y atadora.

Cabe señalar que en el primer caso tan solo las labores de recolección suponían un gasto sobre el 40% del gasto total realizado, desde la siembra hasta la recogida del grano, comparada con la mecanización representaba el 18%, en líneas generales. Haciendo un cómputo total de gastos comparando la forma tradicional a la forma mecanizada, el resultado arroja a favor de esta última un ahorro que, en determinados casos, podía llegar al 80% de los gastos generales.

Se cita que por aquella época el rendimiento por hectárea de trigo no superaba los 1.200,- kilogramos, aún así los agricultores sobrevivían con esfuerzo, ayuda familiar y con una forma de vivir muy precaria, restricciones, de todo tipo, tanto personales y familiares.

Cada vez más eficaces

Paso a paso la industria dejó de fabricar las segadoras-atadoras, tiradas, normalmente, por tracción animal, eligiendo las de tracción mecánica. Las trilladoras de tipo estático, alimentadas a mano resultaban altamente eficaces, la mayoría eran accionadas por una correa plana que unía un tractor con la trilladora, incluso llegaron algunas que podían accionarse por un motor eléctrico, incluso por un motor de combustión anexionado, efectuando las siguientes funciones:

  • Conducir la mies al cilindro desgranador.
  • Separar el grano de la espiga, resultado de la trilla.
  • Limpiar el grano de la paja e impurezas varias, mediante chorro de aire y cribas de selección.
  • Amontonar la paja por medio del tubo lanza pajas.
  • Enviar el grano limpio a los dispositivos para ensacarlo.
  • La velocidad de una espiga en todo el proceso era de unos 30/40 segundos. Lógicamente para regular y efectuar el mantenimiento correcto de estas máquinas, se precisaba formar a los operarios de una forma técnica, cuyo resultado era excelente, calificándoles de especialistas.

Cosechadoras autopropulsadas

Debemos citar que hacia el año 1880, es cuando se consigue fabricar modelos de cosechadoras con características interesantes para poder ser comercializadas, algunos profesionales las calificaron como el resultado de adaptar los conocimientos del tractor, la segadora y la trilladora en una sola máquina altamente interesante.

Según distintos libros se cita a D. Alfredo Rotania quien en el año 1929 patentó la primera cosechadora autopropulsada, después de distintas pruebas realizadas en la ciudad de Sunchales (Santa Fe – Argentina), esta cosechadora estaba accionada por un motor Hércules y diferencial Chevrolet, obteniendo un trabajo por jornada de unas 15 hectáreas.

Siglo XX

Sin duda alguna el gran paso tecnológico de las cosechadoras se conseguirían en el siglo XX, al principio sin tolva al no disponer de remolques apropiados, por lo que la mies se ensacaba por operarios que iban sentados en uno de los lados de la cosechadora, se llenaban los sacos y después se dejaban en una rampa que los conducía al suelo, para ser recogidos posteriormente.

Funciones de una cosechadora autopropulsada de la primera mitad del siglo XX:

  • En la misma pasada realizaba todas sus funciones, las primeras disponían de una plataforma de corte de 1,80/2,00 metros de ancho que se subían y bajaban mediante una carraca, posteriormente se adaptaron sistemas hidráulicos.
  • La plataforma de corte segaba los tallos y mediante su inercia o mediante el molinete los conducía hasta un sinfín alimentador, este sinfín disponía de dedos retractiles que empujaban los tallos con las espigas al canal de alimentación, el cual conducía la mies hasta el cilindro desgranador.
  • El cilindro desgranador separaba el grano de la paja o tallos, gracias a un cóncavo con aristas siendo a través del mismo como el grano se cuela y cae en la mesa de preparación, la paja es dirigida hacia un batidor que la frena y la recoge, depositándola en los sacudidores.
  • Los sacudidores son elementos de chapa que mantienen un régimen de giro constante, sujetos a unos cigüeñales que les hacen subir y bajar, adelantarse y atrasarse, en cada giro de 3600, sacudiendo la mies y descargándola de cualquier grano que todavía lleven, en aquella época los sacudidores eran del sistema cerrados, por lo que el grano regresaba a la mesa de preparación.
  • La paja salía formando un maraño mullido, mientras los granos eran conducidos mediante subidas y bajadas hasta la influencia del ventilador de la máquina, normalmente del tipo tambor, el grano caía en la criba y el resto del tamo o pequeñas pajas salían volando. Mientras, los granos caían hacia un sinfín que los conducía hasta los seleccionadores, para ser ensacados, parte de grano sin limpiar caía al final de la criba, cayendo en una bandeja inclinada y de ésta a un sinfín, siendo conducido, también, a la segunda limpia. Existían modelos que los conducían nuevamente a la trilla, denominándose retrilla. Más adelante llegaron las cosechadoras con tolva incorporada lo que las hizo más independientes al ser manejadas por un solo operario. Entonces ya se disponía de remolques adecuados.

En España

La realidad es que lo expuesto podemos trasladarlo hasta las máquinas de hoy en día, por supuesto muy diferentes en su alta tecnología, incluso sistemas de conducción, trilla y separación muy variadas, incorporando sensores de atascos, operatividad electrónica e hidráulica, medidores de humedad, alta potencia y propulsión hidrostática, peso, carga, embragues, cámaras de control, grandes dimensiones en general, etc., lo que permite al operario un mayor rendimiento y descanso gracias a sus extraordinarias cabinas.

Tan solo citar que en el año 1958, en España, se comercializaban 15 marcas de cosechadoras autopropulsadas de cereales y 12 marcas de cosechadoras arrastradas, lo que ya representaba un alto interés por los fabricantes sobre el potencial del mercado español.

Ciertamente las marcas eran extranjeras, pero alguna llegó a implantarse en España, recordemos la empresa Sociedad Anónima de Construcciones Industriales- (SACA), fundada en el año 1939, en Sevilla. Pero hasta el año 1958, gracias al acuerdo con la empresa alemana Maschinenfabrik-FAHR de Gottmadingen, no empezaron a fabricarse cosechadoras, este acuerdo duró 9 años, fabricando unas 1.500, cosechadoras autopropulsadas del modelo FAHR MDL-1, ofreciéndose en el mercado español como SACA-FAHR.

No podemos olvidar la firma Metalúrgica Santa Ana S.A. fundada el 24 de febrero de 1955, emplazada en la localidad de Linares – (Jaén), donde también se construyeron cosechadoras. Según el catálogo del Ministerio de Agricultura, sobre cosechadoras de cereales, emitido en el año 1968, se citan dos modelos de cosechadoras autopropulsadas, equipadas con plataformas de corte, con un ancho de 220 y 250 centímetros, cada una, fabricadas por la firma AJURIA, S.A. de Vitoria.

En el mismo catálogo, comprobamos otra cosechadora de cereales autopropulsada, con plataforma de corte de 250 centímetros, fabricada por la firma VIDAURRETA Y CIA, S.A. con domicilio social en Madrid.

24 marcas diferentes en España

En el año 1968, según el Ministerio de Agricultura, se comercializaban en España cosechadoras autopropulsadas de cereales de 24 marcas diferentes. Durante el pasado año 2019, tan solo 7 marcas de cosechadoras autopropulsadas de cereales consiguieron inscribir alguno de sus modelos en España.

Posteriormente surgió una empresa en Huesca, Industrias Albajar, S.A., que fabricó las cosechadoras conocidas como I.A.S.A., vendiendo gran número de estas cosechadoras. Con mucho esfuerzo y dedicación profesional fue cumpliendo con la demanda del mercado, llegando a fabricar un modelo de tracción hidrostática, concretamente el modelo 5000, posteriormente el 25 de Julio del 2001, esta empresa dejo de funcionar, según los datos que nos facilitan.

Todos los datos expuestos los hemos recogido de distintos apuntes de libros editados por el Ministerio de Agricultura y empresas constructoras de cosechadoras, algunas tristemente desaparecidas. En el caso concreto de España, no queda ninguna fábrica constructora de cosechadoras autopropulsadas de cereales, lo que es algo totalmente lamentable. También hay que reconocer que durante todo el pasado año 2019, se han matriculado, en España, un total de 201 cosechadoras, pero toda fábrica inquieta debe pensar, también, en otros posibles mercados.


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