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OPINIÓN DEL AGRICULTOR

Revolución industrial: el inicio de una nueva agricultura

La revolución industrial en la agricultura supuso un cambio radical en la estructura de la sociedad, con el auge de las ciudades y el éxodo del campo a la fábrica. Pero ello no hubiese sido posible sin el desarrollo de nuevos equipos y técnicas agrarias que permitieron aumentar la producción y trasportarla hasta las urbes.

Profesional AGRO - Madrid 5/06/2020

La Revolución Industrial influyo en el desarrollo de una agricultura y ganadería más eficaz, hasta entonces precaria. Hablaremos de la evolución de la industria, creando herramientas y máquinas cada vez más sofisticadas que permitieron avanzar en la producción de alimentos.

Revolución Industrial en la agricultura

No podemos dejar de citar el reconocimiento que merece la mujer en el Sector Primario, soportando unas condiciones de vida altamente sacrificadas.

Actualmente el Sector Primario sigue mermando sus efectivos, como demuestra que en el transcurso del pasado año 2019 los trabajadores de nuestra agricultura y ganadería descendieron en 31.700 personas.

En este artículo analizamos la conexión entre la Industria y el Sector Primario.

La revolución industrial y agrícola

La Revolución agrícola, consiguió incrementar la productividad en el campo y producir distintos tipos de alimentos. La colaboración Industria y agricultura, consiguió desarrollar aperos y máquinas cada vez más eficaces y rentables, con un menor número de personas.

La citada Revolución Agraria o Revolución Agrícola, se inicio en Inglaterra de finales del Siglo XVIII, definida por el aumento de la Renta per-cápita. Aquellos que no se unieron quedaron en una inferioridad absoluta, con una gran dependencia de los países que dieron un paso hacia delante.

Revolución Industrial en la agricultura

Los primeros equipos en desarrollarse fueron los arados, cada vez más eficaces, creados con materiales que evitaban que la tierra se pegase a ellos. Los nuevos métodos de cultivo mejoraron con la utilización de las basuras de animales mezcladas con tierra de las orillas y remansos de los ríos. Entrado el Siglo XIX, se empezaron a utilizar máquinas de vapor, grandes arados y fertilizantes químicos específicos.

La mecanización agraria y el transporte, permitió acelerar el trasiego de productos desde las zonas rurales a las grandes ciudades favoreciendo la industria y el desarrollo urbano.

Formación del agricultor

La formación del agricultor fue uno de los pasos más importantes para conseguir mayor rendimiento, dando comienzo a la eliminación de los barbechos y llevando a cabo procesos para garantizar mayores producciones por hectárea.

Los barbechos se descartaron adaptando sistemas estudiados de rotación cuatrienal de cultivos, según el siguiente sistema: Distintas superficies se dividieron en las denominadas hojas de cultivos, quedando fielmente delimitadas y se sembraban unas de cereales o leguminosas, otras de tubérculos, patatas, forrajeras como alfalfa, colza, etc.

La plantación de tubérculos o forrajeras fue altamente efectiva, pues estas plantas no desgastan los suelos, muy al contrario los enriquecen. Al año siguiente las tierras intercambiaban los productos a sembrar, donde hubo tubérculos o forrajeras se plantaban cereales y viceversa.

Con este sistema los rendimientos aumentaron y al mismo tiempo los tubérculos y las forrajeras, garantizaban la alimentación de los animales de granja, aumentando su número con rapidez, del mismo modo el abono de origen animal también aumentó, consiguiendo grandes cantidades de fertilizante para las explotaciones agrícolas. Con estas acciones se creo un círculo completo de rentabilidades.

Sistema doméstico (putting out system)

La lana fue un claro ejemplo de colaboración entre industria y sector primario. Con el denominado sistema de trabajo a domicilio, los comerciantes adelantaban la materia prima para que la manufacturaran campesinos y artesanos. Los industriales ingleses lo denominaban “putting out system”, los alemanes “verlagssystem” y los españoles “sistema doméstico”, también “sistema por adelantos”, en cualquiera de los casos permitió a las familias campesinas obtener unos ingresos adicionales muy necesarios.

Los comerciantes compraban la materia prima que debía de manufacturarse, por ejemplo la lana y la distribuían entre distintas familias campesinas. Éstas familias aprovechaban los periodos de menor trabajo, incluso por las tardes y noches, interviniendo toda la familia, para hilar y tejer la lana. Los comerciantes pagaban los encargos a los campesinos con una cantidad estipulada por pieza terminada.

Revolución Industrial en la agricultura

Este sistema se extendió por pueblos y ciudades, siendo denominada como “proto-industrialización”. Ubicada en grandes ciudades, zonas industriales, etc., precisó mucha mano de obra, provocando el desplazamiento de cientos de miles de jóvenes para conseguir un trabajo fijo diario, sueldo asegurado, descanso los domingos, vacaciones, etc.

Los productos fabricados se diseminaron según zonas, surgiendo ciudades industriales centradas en producir tejidos, calzado, prendas en piel, trabajos en madera, metal y derivados, productos de limpieza, maquinaria diversa, menaje, etc.

Los medios de transporte resultaban lentos y complicados, centrándose la industria en avanzar en ese campo, cada vez con mayor inquietud, sin olvidar el mundo rural, pues al bajar la mano de obra sus producciones también se retraían, algo que las grandes urbes no podían permitirse bajo ningún concepto.

El protagonismo de la mujer campesina fue totalmente positivo, pues enlazaba las faenas del propio hogar con los trabajos del campo, cuidado de los animales domésticos, elaboración de productos derivados, etc. Puede confirmarse que la mujer campesina era el soporte más firme para unir a la familia.

Revolución industrial y agricultura

Como ya hemos citado la revolución industrial comenzó en Inglaterra, seguida de Alemania y Francia. Entre otros avances destacan los esfuerzos hacia un transporte más eficaz y al desarrollo de la mecanización agrícola.

La mecanización impulsada por la distribución mecánica del vapor y su adaptación a distintos tipos de máquinas marcó un ciclo de máxima importancia. Con ello se aceleró el dejar de usar animales para los trabajos de fuerza. Aun así se siguieron usando durante bastante tiempo los caballos, asnos, mulas, principalmente. Más adelante, con la llegada de tractores equipados con motores de explosión, utilizando combustibles derivados del petróleo, fue cuando se inicio la nueva agricultura.

Motor de vapor

El motor de vapor de combustión externa transforma la energía térmica del agua en energía mecánica. Este gran avance fue obra de James Watt, (nacido en Greenock – Escocia, el 30 de enero de 1736). El consiguió introducir un condensador separado que evitaba la pérdida de energía, obteniendo mayor potencia. De esta manera se consigue el movimiento rotatorio y su incorporación a cientos de máquinas. Para su producción a gran escala fue importante la asociación con Matthew Boulton. En el año 1775 crearon las plantas de producción Soho, cerca de Birmingham (Reino Unido). Todo ello marco, sin duda alguna, la primera Revolución Industrial.

Tanto el buque de vapor como la locomotora, aumentaron la capacidad de carga y mayor velocidad. Esto disminuyó los plazos en el transporte de mercancías y en el desplazamiento de personas y ganado.

Las innovaciones tecnológicas para la agricultura y ganadería aumentaron significativamente la capacidad de producción.

Fertilizantes agrícolas

Llegado el año 1830, y avanzando esa década, fue cuando se produjo la incorporación de los fertilizantes químicos, ampliando las posibilidades de ampliar las superficies de tierra de cultivo, obteniendo mayores rendimientos por cada hectárea.

También durante el siglo XIX, (1845), el sustrato masivo de excrementos de aves marinas y focas, denominado “Guano”, marcó un antes y un después en las explotaciones agrícolas, incluso hoy, el “Guano”, se sigue utilizando en la agricultura ecológica.

Inventos e inventores de la revolución industrial

El impulso más efectivo para el transporte y para distintas máquinas agrícolas automotrices fue en el año 1860. En este año un inventor belga, naturalizado francés, Joseph Etienne Lenoir, presentó un motor de combustión interna de dos tiempos alimentado por gas. Este nuevo motor fue utilizado por distintos vehículos, superando, sobre todo en sencillez, a los utilizados por vapor.

Pero el gran paso tecnológico lo consiguió un alemán, concretamente Nikolaus August Otto. Este ingeniero inventó en el año 1876 el primer motor de gasolina de cuatro tiempos con carga comprimida, base de todos los motores futuros. Su desarrollo empresarial ha llegado hasta nuestros días con la marca Deutz. Este insigne inventor fue el padre de Gustav Otto, cofundador de la emblemática empresa BMW.

John Deere, la revolución agrícola

Citando el mundo agrícola debemos nombrar a John Deere, nacido en Rutland, Vermont (Estados Unidos), el 7 de febrero de 1804. Sus comienzos fueron como aprendiz de herrero, inventor del arado de acero en una sola pieza, era el año 1837. En el año 1868 John Deere, creo la corporación Deere&Company, que con tanto prestigio ha llegado hasta nuestros días.

Un día del año 1837 decidió probar con un nuevo material. La hoja de una vieja sierra le proporcionó el acero necesario para fabricar un cuerpo de arado ligero y extremadamente pulido. Tal como John Deere sospechaba, la prueba del nuevo material fue definitiva: el suelo resbalaba perfectamente sobre la superficie del arado sin producir atascamientos. De este modo, había fabricado el primer arado autolimpiable, que hizo posible el cultivo en las fértiles praderas de Norteamérica.

John Deere fue un hombre de negocios ejemplar, con una visión industrial claramente adelantada a su época. Demostró una perseverancia en el desarrollo de nuevos productos de calidad superior que pudieran satisfacer las necesidades de los agricultores. Su filosofía ha cimentado la firme base sobre la que se ha desarrollado Deere & Company en sus más de 170 años de historia.

Actualmente la compañía, comandada por Robert W Lane, cuenta con 90 centros de fabricación, ingeniería y distribución repartidos por todo el mudo. Tiene una plantilla de más de 52.000 empleados. Su inversión en I+D asciende a 2 millones de dólares americanos por día de trabajo, habiendo fijado su atención en las energías renovables. En su

El símbolo corporativo de John Deere, el logotipo del ciervo en pleno salto, ha sido la imagen de la marca durante más de 130 años. El primer registro del logotipo data de 1876, aunque tres años antes ya era utilizado.

Louis Pasteur

Es nuestra obligación y un gran placer el citar a Louis Pasteur (1822 – 1895), doctor en medicina y descubridor de la técnica conocida como pasteurización. (eliminación de parte o todos los gérmenes de un producto elevando su temperatura durante un corto espacio de tiempo), desarrollando la esterilización por autoclave.

Pasteur, inició la llamada “Edad de Oro de la Microbiología”. Esto facilitó la conservación de distintos productos lácteos y prolongando la duración de distintos productos a millones de consumidores. Con ello se consiguió proporcionar una alimentación más equilibrada y, sobre todo, segura.

Nos dejamos grandes personajes sin citar pero es algo que más adelante retomaremos, sin duda alguna.

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