Profesional AGRO
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Primer paso hacia una cosecha garantizada

Semilla certificada

La elección de una Semilla Certificada es el primer paso, e imprescindible, para obtener una cosecha de calidad. Nuestros antepasados ya sabían de la importancia de la semilla, por lo que utilizaban métodos muy variados e ingeniosos para preservar su calidad. Actualmente, la legislación regula la categoría y el uso de estas semillas.

Félix Pascual Pérez

La Agricultura actual precisa de experiencias debidamente contrastadas, por lo que la elección adecuada de la “Semilla Certificada”, mantiene un protagonismo que nunca debemos minimizar, incluso podemos confirmar que elegir la semilla adecuada es la mejor inversión que podemos efectuar, pues después llegarán otros muchos gastos que irán paralelos al buen desarrollo de estas semillas. Por supuesto que existen otra serie de factores que influyen muy directamente en obtener una cosecha positiva, por lo que trataremos de exponer, de un modo reducido, cada paso concreto a realizar o al menos aquellos que bajo la opinión de distintos profesionales, siempre deberíamos tener en cuenta. Esperamos que lo seguidamente relacionado resulte del interés de nuestros lectores.

La búsqueda de la mejor simiente

En el presente artículo intentaremos informar sobre el importante tema de la “Semilla Certificada”, siempre basándonos en todo lo dispuesto de un modo oficial, citando al pie de la letra las distintas disposiciones y normas; sin pasar por alto los muchos fraudes que han ido surgiendo en toda nuestra geografía, donde los grandes afectados han sido, una vez más, los agricultores. Nuestra decisión se ha concretado al recibir distintas consultas, las cuales, una vez debidamente contrastadas con expertos, nos hemos atrevido a confeccionar el presente artículo, de encontrar el lector cualquier tipo de duda le rogamos se dirija a su suministrador oficial de semillas, incluso a la Delegación de Agricultura de su Comunidad.
La historia de obtener semillas que garantizasen otra cosecha futura, ha sido, campaña tras campaña, el esfuerzo constante de todo agricultor, es por ello que hemos sondeado a distintos agricultores, muchos de ellos de una edad avanzada pero llenos de ganas de enseñarnos, contándonos como procedían sus abuelos y padres para tratar de obtener semillas sanas y llenas de vitalidad. Este es el caso de Antonio, agricultor de la provincia de Madrid, el cual nos contaba que su abuelo Fermín, elegía y cuidaba las parcelas que iban a servir para recolectar las posibles semillas futuras, y estas eran seleccionadas con todo entusiasmo sabiendo que de ello dependía su continuidad de futuro. Como olvidar, nos sigue contando Antonio, el abonado con estiércol, el seguimiento del riego por pie que controlaba mi abuelo, incluso la recolección, que se efectuaba de un modo totalmente manual, al igual que la posterior limpieza y exhaustiva selección altamente exigente de cada grano. En aquella época las tierras sembradas un año se dejaban descansar para el próximo, denominándose barbecho, sembrando las que habían descansado el año anterior.
Mi abuelo, nos cuenta Antonio, solía comprar semillas procedentes de Valladolid y Palencia, también de la zona de La Sagra en Toledo, siempre mediante gente conocida y seria. Él disponía de un cuaderno donde anotaba los cultivos rotativos, identificando los cultivos, su desarrollo y las parcelas. Según nos iba contando Antonio la historia de su familia en la agricultura, sus ojos se inundaban de alegría pues, a sus 86 años, retornaban a su mente los muchos bellos recuerdos de su niñez y juventud, citando con cariño las enseñanzas de su abuelo y de su padre. Una vez seleccionadas las futuras semillas, las metían en sacos de tela transpirables, colgándolas del sobre-techo del pajar, protegidas a su alrededor con trozos de tela que colgaban impregnados de crepe fundido y mezclados con miel, para atraer a los insectos y proteger, de esta forma, a las futuras semillas; en las cuerdas ponían una especie de conos para evitar que los roedores pudieran llegar hasta los sacos, incluso cocían guindillas muy picantes e impregnaban las cuerdas y sacos, para evitar que fueran roídas por los ratones. Queda muy clara la gran importancia que se daba a las semillas para la próxima campaña. Llegadas las fechas de sembrar se descolgaban los sacos y se abrían uno a uno, procediendo a extender las semillas sobre telas y se volvían a revisar, con máxima dedicación, eliminando las que se estimaban no aptas.
La conversación con Antonio, nos marcó tanto que no queremos pasar por alto que su abuelo Fermín llegó a tener hasta cuatro yuntas de mulas, cada yunta la componían dos mulas que tiraban de un arado de reja, agarrado a los animales por el timón y dirigido por las manceras, la profundidad quedaba fijada por dos ruedas que se podían regular. Su abuelo daba trabajo a 3/4 personas según las etapas del año. Incluso daba servicio a terceros según sus posibilidades y recogía leña para venderla a distintos clientes.

Campos de ensayo para cereales

Las principales firmas comercializadoras de semillas mantienen una serie de campos de ensayo que les permite desarrollar diversas investigaciones técnicas para obtener las variedades de cereales más adecuadas en relación con los microclimas diversos, donde posteriormente estas semillas producirán distintos tipos de cerea­les. Los campos de ensayo se analizan y designan en las mismas zonas donde posteriormente se comercializarán las semillas, incluso en otras zonas donde la variedad de climas son muy similares. Dentro de cada provincia pueden existir diferentes zonas agroclimáticas, precisando realizar, al menos, el siguiente estudio fenológico del cultivo obteniendo una serie de parámetros agronómicos, tales como:
• Estudio del suelo, en diferentes capas.
• Análisis del “pH”, en las fincas.
• Tratamientos preventivos autorizados.
• Método de siembra, de modo tradicional o siembra directa.
• Densidad siembra y técnica de laboreo.
• Variedad elegida.
• Fecha de siembra, análisis del suelo intermitente y comportamiento del tiempo en todo el proceso.
• Análisis del agua de riego, cuando se disponga del mismo.
• Evaluación detallada de la nascencia.
• Comprobación de humedad y temperatura ambiente constante.
• Desarrollo de la planta y fecha de su espigado.
• Desarrollo evolutivo de la espiga.
• Análisis de posibles ataques por plagas y enfermedades, en estos casos el estudio de efecto y reacción debe ser rápido.
• Punto óptimo de recolección.
• Producción en kilogramos por hectárea.
• Recolección detallada, analizando peso específico del cereal por mil granos, su calidad y humedad.
Todos los parámetros obtenidos son trasladados a las zonas más apropiadas para su posterior siembra, buscando una mayor rentabilidad para el agricultor. La importancia de todo lo expuesto se centra en un proceso debidamente estudiado, analizando cada paso a efectuar, cuya única finalidad decanta sobre una meta, garantizar las futuras cosechas de una forma totalmente responsable, para ello no se escatiman medios tecnológicos.

Semillas su calidad, adaptación y éxito final

El agricultor responsable debe utilizar semillas de alta calidad, adquiriendo, sin dudarlo, “Semilla Certificada”, además de estar obligado hacerlo, con ello eliminaremos, al menos, distintas posibilidades de fracaso, tales como adquirir semillas con peso específico bajo o inadecuado o con poder germinativo débil y no específico para la tierra y micro-clima donde se proceda a su siembra. También se evita que sean atacadas con facilidad por hongos, bacterias, distintos tipos de virus, etc., y que cuenten con impurezas que pueden perjudicar el buen funcionamiento de la sembradora, dejando zonas sin sembrar, o siembra intermitente. Por otro lado, al no mantener una garantía oficial, pueden llegar con daños climáticos que merman su efectividad, incluso con daños mecánicos que dañan su posterior desarrollo, incluso semillas de una variedad mezcladas con otras variedades, lo que perjudicará, gravemente, la futura cosecha y su precio posterior de venta. Finalmente también cabe la posibilidad de que cuenten con plagas latentes al no haber sido examinadas y tratadas por especialistas.
Aunque seguiremos insistiendo, debemos, todos, comprender que la “Semilla Certificada”, es el resultado de varios años de estudios desarrollado por equipos técnicos complementarios y de alta cualificación en distintas especialidades, tales como patólogos, genetistas, entomólogos, agricultores, etc.
Anteriormente ya hemos citado a los campos de ensayo de las firmas que elaboran semillas certificadas, pero seguiremos concretando la importancia de esta labor que tanto beneficia a los agricultores, siempre aportando nuevos datos. En distintas ocasiones hemos asistido a cursos y estudios de firmas comercializadoras de “Semilla Certificada”, apoyadas por las empresas suministradoras, realizando una serie de pruebas o campos de ensayo con superficie entre los 12/20 m2, denominadas micro-parcelas. También se realizan pruebas en campos de ensayo en parcelas denominadas “Bandas”, con una superficie entre los 300/1000 m2. Estas pruebas se llevan a cabo en distintas fincas que se ofrecen para efectuar este tipo de experimentos con bases concretas, siempre bajo un acuerdo sobre las variedades y comercialización posterior que les pueda favorecer a los agricultores, realizando futuras siembras rentables.
Tan solo como información, aunque vemos que estos datos se cumplen, los agricultores pequeños, medios o grandes que realizan sus compras de “Semilla Certificada”, deben solicitar la documentación instructiva del proceso de las semillas adquiridas, tanto en su desarrollo, variantes, consejos y conclusiones finales, al menos.

Artículo completo en nuestra revista

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