HAY OFICIOS que se miden por lo que producen y otros que se miden por lo que hacen posible. El nuestro pertenece a esta segunda categoría. Cada planta que sale de un vivero, cada jardín que diseña un paisajista, cada flor que llega a un hogar o cada espacio verde que gana una ciudad son, en realidad, pequeñas respuestas a preguntas muy grandes: cómo vivimos, cómo respiramos, cómo convivimos con un clima que cambia más deprisa de lo que quisiéramos. Quienes trabajamos en el sector verde —productores, viveristas, floricultores, paisajistas, distribuidores, empresas de bricojardín, proveedores de todo tipo— formamos parte de una cadena que sostiene algo tan esencial como la calidad de vida de millones de personas. Es un motivo legítimo de orgullo, y también de responsabilidad.
Esa responsabilidad exige innovar, no como moda, sino como condición para seguir cumpliendo nuestra misión. La crisis climática nos obliga a repensar el agua que usamos y las especies que cultivamos. La pérdida de biodiversidad nos pide diseñar espacios que la protejan en lugar de sustituirla. La salud y el bienestar de las personas, cada vez más asociados a la presencia de naturaleza en su entorno cotidiano, nos exigen soluciones más inteligentes y eficientes. En este contexto cobran sentido iniciativas como los Premios Iberflora Innovación, una iniciativa concebida para reconocer el talento, la creatividad y el compromiso de las empresas que, con sus proyectos, ayudan a impulsar el conjunto del sector. Más allá del reconocimiento, estos premios reflejan una realidad compartida: la innovación adquiere sentido cuando genera valor para toda la cadena y contribuye a reforzar el papel que nuestras empresas desempeñan en la sociedad. Además, demuestran que este sector no se limita a acompañar el futuro, sino que lo construye.
Y para construirlo hace falta encontrarse. Por eso Iberflora es mucho más que una cita comercial: es el lugar donde el sector se reconoce a sí mismo, donde comparte conocimiento, detecta tendencias y teje alianzas que después se traducen en proyectos reales. Quien quiere entender hacia dónde camina el sector sabe que ese debate sucede en Feria Valencia.
Este año, además, Iberflora dará un paso más poniendo el foco en uno de los ámbitos con mayor proyección para los próximos años: el paisajismo. Creo que la infraestructura verde y el urbanismo sostenible van a ocupar un lugar cada vez más central en la conversación pública. Nuestras ciudades necesitan más sombra, más biodiversidad y más espacios que inviten al encuentro, y este sector tiene el conocimiento, la experiencia y la capacidad técnica para liderar esa transformación.
El nuevo concurso que hemos lanzado dedicado a esta disciplina refleja una convicción que compartimos cada vez con más fuerza: la transformación de nuestras ciudades dependerá, en gran medida, de la capacidad para integrar naturaleza, diseño, sostenibilidad y bienestar en los entornos que habitamos. Es una oportunidad extraordinaria para visibilizar el talento de nuestros profesionales y reivindicar el valor estratégico del paisaje como infraestructura esencial para el futuro.
En definitiva, más allá de cualquier balance o cualquier cifra, lo que de verdad define a este sector es la conciencia de pertenecer a algo colectivo. Cada profesional del sector está contribuyendo a un proyecto común que nos supera individualmente y nos define como comunidad. Ese es, en el fondo, el sentido último de encontrarnos cada año: recordarnos que el futuro del sector verde no lo escribe nadie en solitario, sino todos juntos, y que merece la pena seguir construyéndolo, como siempre, con pasión.
* RAÚL FERRER
Presidente de IBERFLORA