Profesional AGRO
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Emilio Velasco Machuca
OPINIÓN
A vuelapluma / EMILIO VELASCO

LOS "TEMPOREROS":
¿UN PROBLEMA SIN SOLUCIÓN?

Si hay un tema que año tras año viene copando el interés y ¿por qué no decirlo?, preocupación de todo el sector agrario español, es el problema que genera la necesidad de dar solución de una vez por todas al tema del empleo agrario, con mano de obra estacional para poder atender la recolección puntual de algunos tipos de cosecha, –espárragos, frutas, hortícolas, etc.–, que por sus particulares características, hacen poco menos que imposible, hoy por hoy, su recogida mecanizada y que además, dado sus generalmente cortos períodos de consumo en su maduración, obligan a la utilización de un gran número de trabajadores, la mayoría procedentes de otros países que ven en esta actividad la mejor forma de “ganarse la vida”, y ello a pesar del forzoso desarraigo que conlleva –abandonar, aunque sea temporalmente a la familia, la casa, su país, y todo ello unido a las inevitables incomodidades de alojamientos temporales, etc.–, y todo agravado con frecuencia por la obligada dureza de largas jornadas laborales para reducir en lo posible los periodos de recolección y permitir que los productos recogidos puedan estar en los mercados con la mayor rapidez posible. Por eso, los “temporeros agrícolas” son noticia año tras año, y eso en épocas “normales”; no digamos cuando estamos inmersos a nivel global en una situación sanitaria tan adversa como la pandemia que aún afecta a todo el Mundo.

Con esto quiero poner de manifiesto que el asunto de los trabajadores foráneos temporales en nuestro sector agrario no es un problema nuevo y mucho menos exclusivo de nuestro país; otros muchos territorios lo padecen en todo el mundo, y como nosotros, llevan varias décadas buscando la forma de solucionarlo pero como en nuestro caso, aún no se ha hallado una solución viable y que sea extrapolable a la generalidad de todos esos territorios aquejados por dicho problema que no solo deben, mejor dicho, debemos encontrar la forma ideal de contratar temporalmente mano de obra especializada para recoger las cosechas; también hay que solucionar el alojamiento digno de esos trabajadores y la atención sanitaria a la que tienen derecho. Solo así podremos asegurar la disponibilidad puntual de esa fuerza humana para sacar adelante nuestras producciones.

En nuestro caso, se estima que precisamos la colaboración de unos 150.000 temporeros para atender a las labores de recolección “manual” y si no se consigue esa contratación, volverá a pasar lo que en el pasado año en el que la cosecha de espárrago, fruta, –sobre todo fresa, nectarina, cereza o melocotón–, e incluso la de hortícolas no pudo completarse en su totalidad–, con el evidente perjuicio económico para los productores y el igualmente claro riesgo, si el problema sigue agudizándose, de llegar a un posible desabastecimiento en los mercados de algún producto, o en el menos malo de los casos, en un encarecimiento generalizado de esos productos, –los especuladores siempre “sacan tajada” de las situaciones adversas perjudicando por tanto al consumidor final.

Recordemos que el pasado año, en lo más duro de la pandemia, con el país confinado, con la actividad comercial y hostelera prácticamente suspendida, se trató de encarar la complicada situación que presentaba la recolección de las cosechas que precisan de la participación de trabajadores temporales, la mayor parte procedentes de otros países con Marruecos y Rumanía como principales emisores de esta mano de obra y para paliar este problema del trabajo agrícola, puso en práctica una serie de acciones amparadas en un Decreto Ley que buscaba facilitar la contratación y eliminar en lo posible las trabas que dificultaban el tránsito de estos trabajadores. Esa norma buscaba paliar el problema de la movilidad de los temporeros en nuestro territorio y primar la necesidad de que las comarcas afectadas por la escasez de mano de obra pudieran contar con la colaboración de esos trabajadores que, sigue siendo imprescindible en nuestro sector agrario para asegurar el abastecimiento.

Pero llegados a este punto, debemos valorar un problema añadido, y no menos importante e incierto, –que está ligado a la alta política entre estados–, y es precisamente el que ha generado en los últimos tiempos la poca, o por ser más precisos, mala relación existente entre los dirigentes del país alauíta y el nuestro. Todo parece indicar que las relaciones entre Marruecos y España no pasan por sus mejores momentos y el país africano está utilizando a sus habitantes como elemento de presión “pacífica” sobre nuestra frontera sur, una acción, la de que la policía alauíta haga la vista gorda ante los masivos asaltos de incontrolados a la verja de nuestra frontera ceutí con los que pretende pulsar la firmeza o debilidad de nuestro gobierno y por ello no sería extraño que nuestro vecino africano ponga todas las trabas posibles a sus propios ciudadanos para dificultar (o prohibir incluso), trasladarse a nuestro país, sabiendo la necesidad de la agricultura española de contar con la importante participación de la mano de obra marroquí, que recordemos es la más numerosa de la colaboración foránea con que cuenta nuestra agricultura, y además se distingue por su especialización en la recogida de nuestras frutas y hortícolas.

¿Ustedes ven improbable que nuestro vecino del sur haga uso de estas “maniobras” para conseguir sus objetivos?
Porque yo no. Ojalá esté equivocado y estas artimañas sean solo producto de mi profunda desconfianza.

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