Profesional AGRO
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Emilio Velasco Machuca
OPINIÓN
A vuelapluma / EMILIO VELASCO

AGRICULTURA, MECANIZACIÓN, ¡PANDEMIA!… Y DESPUÉS, ¿QUÉ?

AUNQUE a primera vista pueda parecer controvertida la reflexión que voy a plantear, lo cierto es que de la difícil situación en que está poniendo a nuestra aldea global la dura pandemia que de forma inmisericorde nos está machacando, también se pueden entresacar algunas conclusiones de indudable interés que, como ya ha pasado en muchas ocasiones en tiempos anteriores, ha estimulado el ingenio de nuestra especie para sobreponerse a las dificultades y, acicateada por ese innato espíritu de supervivencia, buscar y hallar soluciones para superar los escollos que en mayor o menor medida, puedan obstaculizar su evolución. Recordemos que esta no es la primera –ni la más grave– pandemia que ha padecido la Humanidad en los últimos tiempos –todavía está fresco en el recuerdo la mal llamada “gripe española” que tuvo su origen en 1918 en los campos de batalla europeos de la “Gran Guerra”, (I Guerra Mundial), una epidemia que se saldó años más tarde, hace ahora casi un siglo con la escalofriante cifra de 50 millones de muertos, el triple de las bajas causadas por la propia guerra. En esta ocasión, como ya pasara en aquella, la solución serán las vacunas que ya se están administrando, pero retomemos el hilo de esta reflexión que había iniciado con la afirmación de que también se pueden sacar conclusiones positivas.

En este caso la pandemia nos ha reafirmado en el alto concepto con el que desde estas líneas siempre se ha defendido al sector primario, no solo por ser el responsable de producir alimentos sino también por su inigualable valor estratégico dentro del contexto socioeconómico de los países, sea cual sea su grado de desarrollo, Pero la COVID-19 ha puesto aún más alto el valor y la importancia de la agricultura y de las gentes del medio rural que de nuevo, han estado a la altura de lo que la sociedad esperaba de ellos; han mantenido, con mucha dedicación y salvando todas las dificultades habidas y por haber, abastecida de alimentos a toda la población, pero al mismo tiempo se ha puesto de manifiesto la necesidad de transformar la agricultura global, adoptar unos hábitos de alimentación aún más saludables y encontrar el modo de obtener una mayor y mejor productividad, más sostenible, un conjunto de factores que se imponen como norte de la reconstrucción económica que será preciso abordar para superar la dura crisis global que ha generado la pandemia.

Hoy el mundo tiene la oportunidad única para adoptar medidas de largo alcance conducentes a promover unos métodos de producción agraria, ganadera y pesquera más sostenibles y unas dietas alimentarias más variadas y saludables; para ello se debe fomentar la colaboración más estrecha y participativa posible entre los sectores primario, alimentario y de salud pública y por lo que atañe precisamente a nuestro medio, el agrario, potenciar la investigación desempeñaría un papel crucial en la transformación de las estructuras para adecuarlas a los nuevos requerimientos futuros de producción; también beneficiaría a la modernización de la industria alimentaria, o mejor aún, de toda la cadena de empresas que interviene en este canal, desde la producción hasta su llegada al consumidor final.

También se ha puesto de manifiesto con esta pandemia, la fragilidad del actual sistema alimentario global. Las medidas de confinamiento, distanciamiento social, cierres temporales de toda aquella actividad no considerada como esencial, –turismo, comercio, hostelería, industria y fabricación, etc.–, ha “torpedeado” la línea de flotación de la economía, hundiendo el PIB anual de forma generalizada y generando una crisis global de la que, para salir lo “menos tocados” posibles, los países deberán prodigarse con la disposición de ayudas de todo tipo para agilizar su más pronta recuperación, unas ayudas que obligatoriamente deberán establecerse para llevar a cabo, como ya se ha apuntado en líneas anteriores, una profunda transformación y modernización de nuestro sector, comenzando por su mecanización porque si esta situación ha generalizado una pregunta, esa ha sido: Y después de la pandemia, ¿qué?

La incertidumbre que existe sobre la forma en que esta situación va a impactar en empresas y consumidores es general y viene a sumarse a la que ya existía antes de esta situación pandémica que era la inquietud que se había generado, sobre todo desde el inicio de este siglo XXI, relacionada con los retos impuestos por el cambio climático, la degradación ambiental y la creciente competencia por los recursos del suelo y el agua entre los medios urbano y rural, con un progresivo despoblamiento de éste último, todo lo cual demandaba ya nuevos enfoques de desarrollo agropecuario y rural; a esas inquietudes se han sumado ahora las que ha generado la pandemia y la crisis global que ha causado y ahora sí, nos obliga a no dilatar la toma de decisiones para atajar esta situación ya insostenible. Todos estamos preocupados pero al mismo tiempo, creo firmemente que superar la gravedad del momento para encarar un futuro prometedor pasa, sin ninguna duda, por la modernización de toda nuestra política de producción, especialmente en nuestro sector primario, precisamente por su propia importancia o mejor dicho, por la responsabilidad de producir alimentos, así que...

...pongámonos a ello; hoy mejor que mañana.

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