Profesional AGRO
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OPINIÓN
Firma invitada / ELOY GALVÁN*

EN CRISIS PERMANENTE

En 1950, el sector agrario mantenía ocupado al 48% de la población. Era un tiempo en el que gran parte de las tareas del campo se realizaban manualmente o con apoyo del ganado. La población rural era mayoritaria respecto a la población urbana. Y la escasez de alimentos y medios de vida, aunque generalizada en aquel periodo, era más notoria en las ciudades que en los pueblos. Desde entonces hasta ahora, el desarrollo de las comunidades rurales y urbanas han seguido trayectorias muy distintas. No sólo en nuestro país, también en gran parte del mundo.

Unos años después, en 1962, con objeto de contribuir al desarrollo y estabilización del mundo rural, la Comunidad Europea dio inicio a la PAC, un programa de apoyo al sector agrario que tenía como objetivos principales “apoyar a los agricultores, mejorar la productividad agrícola asegurando un suministro estable de alimentos asequibles, mantener viva la economía rural y contribuir a la lucha contra el cambio climático y a la gestión sostenible de los recursos naturales”.

En estos días de 2024, los agricultores de gran parte de Europa han desfilado por carreteras y ciudades para protestar por diversas situaciones que consideran lesivas. La primera y más importante está relacionada con la incertidumbre del sector respecto a la falta de rentabilidad de sus explotaciones y su posible supervivencia. El alza de costes de los medios de producción, la volatilidad de los precios de venta de sus productos, el exceso de burocracia y control digital, la entrada de productos sin control o sin exigencias de cultivo suficientes… Todo ello aderezado, según países, con la sequía y el escaso rendimiento de los olivos y los cultivos extensivos de cereales (España), las importaciones de grano de Ucrania a precio reducido (Polonia, Hungría, España), las restricciones al uso de fertilizantes o fitosanitarios que reducen la producción (Francia) o la falta de aplicación de la cadena alimentaria y la eliminación de las ventas a pérdida (España, Francia) han hecho subir de tono el descontento de los agricultores.

En principio, esta sucesión de quejas que, aparentemente, empequeñecen el ingente esfuerzo económico que supone la PAC para la Unión Europea –un tercio de su presupuesto– deberían pasar factura a los agricultores y organizaciones profesionales, especialmente porque los objetivos finales –que agricultores y autoridades de la UE comparten– implican una mejora del medio ambiente. Sin embargo, los datos y la tendencia muestran que, en España, las pequeñas explotaciones agrarias no especializadas seguirán desapareciendo en los próximos años, y que las explotaciones medias en zonas de cultivos extensivos seguirán con dificultades para sobrevivir en periodos de sequía, a menos que se fije una renta mínima para salvar estas explotaciones en años de carencia.

Hace 70 años, el mundo rural era una comunidad poblada y joven. Hoy, la población rural en España supone el 16% del total del país y tiene una edad media de 57 años. Mientras, la población urbana supera ligeramente los 40 años. Sin duda, las condiciones de trabajo en el medio rural han mejorado radicalmente a mejor. Los agricultores que se manifiestan estos días protestan por sus condiciones de vida, pero también por un respeto hacia un espacio y una comunidad que representa nuestra historia, nuestras tradiciones y un modelo de vida que nos ha permitido transformar nuestro país y mantenerlo con vida los últimos veinte siglos y que, a pesar de la PAC, está sometido a un continuado deterioro de los servicios, de su economía, de su desarrollo y de su influencia en el conjunto de la sociedad.

* ELOY GALVÁN
IngenieroTécnico Agrícola

Ilustración: Manu Mantilla.

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