Profesional AGRO
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Paco Casallo
OPINIÓN
Firma invitada / PACO CASALLO*

PRODUCCIÓN ECOLÓGICA: COMPROMISO vs.OPORTUNIDAD

La agricultura ecológica ha experimentado en los últimos años un boom, reflejado en los índices de consumo del mercado español. Según un estudio elaborado por Kantar Worldpanel1, el consumo de productos ecológicos experimentó en 2017 un crecimiento del 14% frente al incremento del 2% de los productos convencionales. Se trata de una tendencia que, año tras año, cuenta con más adeptos. Las cifras evidencian un cambio en los hábitos de los consumidores, que exigen productos sin componentes químicos y respetuosos con el medio ambiente. Esta nueva conciencia sitúa a España en el top ten de países con mayor consumo de productos ecológicos a nivel mundial, con una facturación de 1.700 millones de euros anuales.

El constante crecimiento de este tipo de producción, sumado a las nuevas exigencias de los consumidores y a la apuesta de la distribución para llegar a todos los hogares, está consiguiendo la democratización del consumo de productos ecológicos. El estudio de Kantar Worldpanel apunta que el 42% de los hogares españoles consume productos ecológicos, una cifra que se ha incrementado gracias a la entrada de esta tipología de productos en los supermercados convencionales.

Aun así, una de las principales barreras de compra sigue siendo el precio. En este contexto, es importante hacer pedagogía y poner en valor que el precio que pagamos por los productos ecológicos es el precio justo y real de la agricultura, sin sobrecostes sociales asociados, como sucede con los productos de agricultura convencional. A pesar de que a corto plazo los productos ecológicos se ofrezcan con un precio más elevado para los consumidores, a largo plazo es más barato para la sociedad.

En ese sentido, el uso de productos químicos en la agricultura permite acelerar los procesos de crecimiento, favorece el desarrollo del cultivo y simplifica el manejo de las plantas vivas, permitiendo alcanzar un coste más bajo que en la agricultura ecológica, sin considerar que este sistema implica una producción continuada y en monocultivo, sin descanso para recuperar fertilidad en el suelo. Además contamina las aguas con fertilizantes y fitosanitarios, afecta al equilibrio de las especies en el ecosistema, industrializa las prácticas agrícolas eliminado puestos de trabajo y, lo más importante, arriesga la salud humana al añadir un número indeterminado de moléculas nuevas al perfecto equilibrio metabólico con el que el ser humano se ha desarrollado sin esta reciente nueva química.

Si no hay duda de que por la salud presente y futura nuestra y del medioambiente es conveniente el consumo de productos orgánicos, debemos considerar también el factor humano como limitante del buen desempeño de la oferta, puesto que, ante la diferencia de precios justificada en el valor real del producto, la actitud de algunos operadores puede generar confusiones.
En este sentido, es importante establecer unas reglas del juego que permitan ser auditadas a través de los registros fiscales y mercantiles de las sociedades –y no sólo mediante declaraciones–, lo que permitirá reducir el riesgo de fraude al someter las prácticas a la exposición pública de las explotaciones. La administración pública y todos los agentes del entorno agrícola debemos trabajar conjuntamente para el cumplimiento de una regulación justa que garantice la autenticidad de los productos ecológicos bajo los estándares de compromiso y transparencia.

También es primordial que las administraciones regulen el pago de impuestos por parte de los agricultores que utilizan productos químicos en sus plantaciones. Las empresas que apostamos todo nuestro capital a la continuidad de esta forma de cuidar el medio ambiente, la fertilidad del suelo y la salud presente y futura de nuestras familias, no jugamos en la misma liga que las empresas cuyo compromiso social es limitado o inexistente.

El coste real de la producción con químicos debería repercutir directamente en el precio final del producto, como ya ocurre con el tabaco o con los combustibles, o bien compensar a los productores ecológicos, como ocurre con las energías renovables.

Todavía queda mucho camino por recorrer, pero es importante tener en cuenta que actualmente España es el primer productor ecológico de Europa. Según los últimos datos de EUROSTAT, en 2017 se superó por primera vez en la historia la cifra de 2 millones de hectáreas dedicadas a la agricultura ecológica. El reto que tenemos por delante es claro: no se trata de producir más, sino de producir mejor, de formar y concienciar a la sociedad para consumir más ecológico.

* Director general de HaciendasBio
www.haciendasbio.com

Ilustración: Kiko Gómez ©

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