Profesional AGRO
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Florentino Juste
OPINIÓN
Firma invitada / JORDI SOLÀ *

REFLEXIONES SOBRE UNA AGRICULTURA CAMBIANTE

Es ciertamente curioso constatar que el planeta sigue unos esquemas repetitivos en la mayoría de grandes temas. Parece constatarse que, todo lo que acontece en forma de grandes números, se repetirá en un futuro más o menos lejano.
El mundo se divide, a grandes rasgos, en dos grandes grupos: ricos y pobres, desarrollados y “en vías de desa­rrollo”, poderosos y débiles, occidente y el resto...
Cabe pensar que, según las estadísticas que manejan las grandes corporaciones, en 20 o 25 años el mundo aumentará su población en un porcentaje muy grande (concretarlo es entrar en otra discusión que no viene al caso). Gracias al crecimiento en la esperanza de vida, la alimentación y el desa­rrollo natural de muchos de los países “en vías de desarrollo” –la mayoría–,  hay que suponer que el cómputo global de personas viviendo en el planeta será cada vez mayor, mucho mayor.
Y la pregunta que nos surge inmediatamente es ¿cómo alimentaremos este excedente de población? Más allá de políticas rigurosas como la del “hijo único” y la pérdida demográfica en occidente, parece impensable poder frenar esta tendencia global. Occidente se quiere blindar en una alimentación equilibrada, natural, bio, eco y a ser posible, de proximidad. El mundo necesita aumentar de forma imperiosa el rendimiento de los cultivos y multiplicar por “no sabemos cuánto” la producción alimentaria para poder abastecer y saciar las necesidades de la población futura. Nos encontramos pues, ante dos modelos muy diferentes de alimentarse: por un lado, una parte importante de la población se desvive para perder esos quilos de más (el problema de sobrepeso en occidente es cada vez mayor y más grave) y a poder ser, de forma saludable, sin pesticidas ni transgénicos, y un largo etcétera; por otro, millones de personas salen cada año de un estado de necesidad absoluta, provocado por el hambre, para pasar a una situación, digamos, de “seguridad alimentaria”.
Pero para alimentar a esa cantidad de población necesitamos de la biotecnología y de los avances de la llamada revolución genética agrícola. Es decir, utilizar todos nuestros conocimientos de laboratorio adaptados al mundo vegetal.
Y así, volvemos a los dos grandes grupos. Uno, el que se alimenta de forma ecológica, sin pesticidas, mermando la producción pero mejorando la calidad alimentaria y pagando ese sobrecoste (nada despreciable). Otro, el que se alimentará masivamente con productos transgénicos, modificados para resistir sequías, plagas, y todos los males predecibles en los cultivos, latifundista, de grandes cosechas en manos de unas pocas empresas, mucho más barato que la alimentación ecológica.
Y en eso estamos, en llegar a ese equilibrio de todos soñado, y que sería que el mundo viviera con las necesidades de sus pobladores cubiertas y con una sostenibilidad que no perjudicase ese planeta tan frágil llamado Tierra.

* Director General Maquinaria Agrícola Solà, S.L.
www.solagrupo.com

Ilustración: Kiko Gómez ©

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