Profesional AGRO
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Emilio Velasco Machuca
OPINIÓN
A vuelapluma / EMILIO VELASCO

ADAPTARSE
O FRACASAR

El enome desarrollo experimentado por la tecnología en los sectores productivos y, lógicamente, también en el agrario –sobre todo desde que se produjo la revolución industrial del siglo XIX, y extraordinariamente acelerada desde la finalización de la II Guerra Mundial en 1945–, dió la oportunidad a muchos profesionales “vanguardistas” en sus respectivos campos para ser los pioneros en utilizar esos innovadores sistemas, equipos o maquinaria que permitían mejorar sustancialmente las labores desarrolladas en sus respectivas actividades facilitando sus trabajos, haciéndolos más seguros, confortables y, sin duda, mucho más eficaces y productivos, obteniendo así una superior rentabilidad.

Hoy, la tecnología está muy presente en nuestra vida; sus creaciones, inventos y aplicaciones son los grandes protagonistas de la sociedad, y su utilización genera todo tipo de oportunidades para el usuario, que tan solo tiene que valorar cómo el empleo de esos nuevos sistemas de trabajo o maquinaria a utilizar puede mejorar su actividad o potenciar la rentabilidad de sus explotaciones.

Aquellos pioneros de mediados del siglo XX se enfrentaron al dilema de si el empleo de las nuevas tecnologías que estaban apareciendo a tal velocidad y que dejaban casi desfasadas a las anteriores, tenían cabida en el futuro a medio plazo. Hoy, aquellas dudas se han disipado completamente y el empleo de la tecnología es algo tan usual que ya forma parte de nuestra vida diaria, de tal forma que rechazar su utilización sería un error irreparable. Por poner un símil fácilmente entendible, es como no subir al tren que nunca más pasará por nuestra estación. Un buen ejemplo de error histórico irreparable lo tenemos en un comunicado interno de 1876 en el que la Western Union despreciaba el teléfono, del que decía “tiene demasiados defectos como para ser considerado seriamente como medio de comunicacion, por lo que este aparato no tiene valor alguno para nosotros”. 140 años después, ¿qué sería de nosotros sin ese artilugio y todos los “hijos” que ha generado?.

Por lo que concierne al empleo de las nuevas tecnologías en la agricultura, que es una actividad que sigue creciendo y desarrollándose, son muchos los estudios, proyectos de investigación y avances tecnológicos que se llevan a cabo para poder facilitar el trabajo en el campo y convertir a las explotaciones agrícolas en un sistema de producción lo más eficiente posible.

Es cada vez más frecuente el uso de maquinaria moderna para el desarrollo de las distintas labores agrícolas, como, por ejemplo, nuevas técnicas de siembra y plantación, control remoto de la temperatura, de la humedad, etc. Los dos objetivos principales que persiguen todas estas importantes innovaciones son, sobre todo, la mejora del producto en cuanto a calidad se refiere y conseguir el máximo rendimiento de la superficie cultivada, al tiempo de reducir la erosión de la tierra, con lo que se mejora la calidad y rendimiento de las sucesivas cosechas.

Por cuanto se refiere a la maquinaria agrícola, tiende a ser cada vez más compleja ya que cuenta con dispositivos de precisión y comandos electrónicos que permiten incrementar su potencia o la rapidez y calidad de las labores al tiempo de ofrecer sensibles ahorros en costes, reducción de emisiones y un tratamiento óptimo del suelo. Estas son solo algunas de las muchas ventajas que este tipo de equipos aporta al sector de la agricultura y, aunque es cierto que la implantación de estas innovaciones tecnológicas supone inicialmente un desembolso importante para el empresario agrícola, esta inversión quedará rápidamente amortizada por los beneficios que aportan a un sistema de producción que, a lo largo de los años, ha sabido aprovechar todos aquellos recursos que la investigación ha ido poniendo a su alcance.

Actualmente ya es posible, con un equipo mínimo y el software adecuado, que un agricultor pueda controlar ciertos aspectos de su cultivo a distancia, como temperatura, humedad, velocidad del viento, nutrientes, plagas, etc., para lo que se instalan una serie de sensores en la plantación que registran todo tipo de datos y variables para que el agricultor los examine via Internet, obteniendo información fiable en tiempo real, lo que contribuye a llevar a cabo una toma de decisiones más acertada.

Entonces, valorando estas nuevas tecnologías que se ponen a nuestro servicio, el dilema no es otro que adaptarse o fracasar... ¿Alguien nadará a contracorriente?

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